Dejar que la paz de cristo crezca en nuestro corazón

El Señor va despidiéndose de sus discípulos y lo hace dejándoles un claro mensaje: nos anima a no perder el ánimo: ?que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde?, porque ?me voy y vuelvo a vuestro lado?. Y nos deja como regalo el don de la paz, no una paz cualquiera: ?mi paz os doy yo, no como la da el mundo?.

Así nos dice también a cada uno: no estarás nunca solo. Por tanto, no temas. No temamos nada. En su mensaje para la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud, que tuvo lugar en Panamá, el papa Francisco decía a los jóvenes algo que nos puede ayudar a todos hoy. El miedo es un sentimiento valioso para advertirnos de los peligros, de nuestra fragilidad, pero no puede ser la columna vertebral de la vida cristiana. Tal vez por eso «en las Sagradas Escrituras encontramos 365 veces la expresión ?no temas?, con todas sus variaciones. Como si quisiera decir que todos los días del año el Señor nos quiere libres del temor. Os invito a mirar dentro de vosotros y ?dar un nombre? a vuestros miedos. Preguntaos: hoy, en mi situación concreta, ¿qué es lo que me angustia? ¿qué es lo que más temo? ¿Por qué no tengo el valor para tomar las decisiones importantes que debo tomar? el miedo nunca debe tener la última palabra, sino que nos da la ocasión para realizar un acto de fe en Dios? y también en la vida. Esto significa confiar en que él nos lleva a un buen final a través también de las circunstancias y vicisitudes que a menudo son misteriosas para nosotros (cf. Papa Francisco, Mensaje para la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud, 25-III-2018).

Como fruto de saber que Él no nos deja solos, que está y estará siempre a nuestro lado, vendrá la paz, como un don de Cristo. En la última cerna con sus discípulos les repetirá, para que se grabe bien en sus corazones ? y en los nuestros ??os he dicho esto para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación, pero confiad: yo he vencido al mundo? (Jn 16, 33) Y tras la resurrección, el saludo a sus apóstoles es ?paz a vosotros?. Y con este saludo se disipan el temor y la vergüenza que pesaban sobre ellos por haberse comportado con cobardía durante la Pasión. De esta forma ?a través del saludo, de su expresión acogedora? se ha vuelto a crear el ambiente de intimidad en el que Jesús les comunica su propia paz. Desear la paz era la forma usual de saludo entre los hebreos. Y ese mismo saludo lo siguieron usando los Apóstoles. Desde hace veinte siglos nos repite: la paz os dejo, mi paz os doy. Nos lo dice a cada uno para que con nuestra vida lo pregonemos por todo el mundo, por ese mundo, quizá pequeño, en el que cada día se desenvuelve nuestra existencia. Podemos preguntarnos cada uno si Cristo es nuestra paz.

Pidamos a Santa María, Reina de la paz que cada día, más abandonados en la presencia de su Hijo em nuestra vida, seamos sembradores de paz y alegría.